Copa Davis: un ejemplo de conducción y de Equipo

Copa Davis: un ejemplo de conducción y de Equipo

La obtención de la Copa Davis era una larga cuenta pendiente, por el fuerte deseo de obtenerla y por las varias oportunidades perdidas: EEUU en 1981, así como Moscú, Mar del Plata y Sevilla en la última década, pesaban mucho en la memoria. Cuatro anhelos frustrados en los cuales las diferencias internas entre jugadores, equipo técnico y dirigentes predominaban por encima de la necesaria unión de un conjunto orientando las energías hacia un objetivo común.

Desde hace un par de años el escenario cambió sustantivamente. Desde los dirigentes, el capitán, los jugadores y el cuerpo técnico, cada uno desde sus roles, se fueron integrando mancomunadamente en una misión compartida. Solidaridad, compromiso, entrega, humildad, fueron algunos de los valores que enhebraron y sostuvieron la empresa en común. Una ideología diferente y coherente que estuvo siempre por encima de las individualidades. Así, Juan Martín Del Potro aún lesionado y fuera de competencia, se integró al equipo apoyando desde el banco en 2015. Este año ante un panorama poco alentador, ya que las cuatro competencias correspondieron como visitantes para acceder a la ansiada Copa (Polonia, Brasil, Gran Bretaña y Croacia) y con un Del Potro en un proceso de reinserción (no jugó en Polonia, solo pudo un doble en Italia, un single y un doble en Escocia, hasta poder jugar los dos singles y el doble en Croacia), la Argentina pudo concluir exitosamente la misión propuesta. Solo una vez en 93 años de historia de la Davis, un país había podido obtenerla atravesando las cuatro series en condición de visitante.

En las oportunidades anteriores que la Argentina no pudo, había más plantel que equipo. Esto es que el ranking promedio de los jugadores que integraban el plantel, era significativamente superior al ranking de los jugadores de este 2016. Pero ahora hubo más equipo que plantel. La pertenencia grupal estuvo muy por encima de las individualidades. Las diferencias se diluían en el marco del sentido de equipo con una misión compartida.

Esta pertenencia grupal e identidad de equipo constituyó una variable determinante en el plano psicológico de todos, potenciando clara y decisivamente el rendimiento deportivo. Tanto que, cuando jugaba uno, en realidad jugaban todos. Al decir de Delbonis: “todos jugamos en la cancha”. Y esto no es una metáfora simbólica, es psicológicamente real. Cada uno de los jugadores sentía el acompañamiento de sus compañeros, así como del capitán y del cuerpo técnico, la hinchada y, a mediana distancia, la dirigencia. Y como gran articulador de estos valores, estos paradigmas, estuvo el capitán, Daniel Orsanic,  cuya lucidez y equilibrio ejerciendo la conducción, le posibilitó tomar siempre las mejores decisiones y conteniendo al conjunto.

Esta experiencia bien podría constituirse en un ejemplo para tantas instituciones que hacen de sus “internas” la sustancia de su funcionamiento y su dinámica natural.

Y, por qué no, un ejemplo para el país todo.

 

Lic. Osvaldo Devries                                                                                                                                                                                       Ex presidente                                                                                                                                                                       Asociación de Psicólogos de Buenos Aires

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